La falta de rigor científico y profesionalidad de Ekologistak Martxan estaría desviando recursos de conservación mientras el alimoche continúa enfrentándose a amenazas mucho más graves

La comunidad de pilotos agrupada en torno Ojovolador ha denunciado públicamente a la organización ecologista Ekologistak Martxan, acusándola de promover campañas basadas en la especulación, criminalizar injustamente al colectivo del vuelo libre y desviar la atención de los verdaderos problemas que amenazan la supervivencia del alimoche.

La denuncia surge tras diversas publicaciones en las que Ekologistak Martxan relaciona Alimoches y parapentes con posibles fracasos reproductivos de esta emblemática ave carroñera. Según Ojovolador, dichas acusaciones carecen de base científica suficiente y contribuyen a generar una imagen distorsionada tanto del parapente como de quienes practican este deporte en contacto directo con la naturaleza.

“Nos preocupa profundamente la conservación del alimoche, precisamente porque amamos y vivimos la naturaleza desde dentro. Por eso nos parece irresponsable señalar a un colectivo entero sin pruebas concluyentes y basándose únicamente en hipótesis”, señala el comunicado difundido por la comunidad.

Subvenciones, ayudas y donativos desperdiciados

La comunidad de Ojovolador sostiene que durante años se han destinado importantes cantidades de dinero público y privado a campañas, estudios y proyectos de conservación cuyos resultados prácticos son cada vez más cuestionables.

Según los pilotos, en lugar de centrar esfuerzos en combatir amenazas ampliamente reconocidas por expertos y administraciones, determinadas organizaciones han optado por buscar culpables mediáticos fáciles que generan titulares y visibilidad pública.

“Cada recurso invertido en campañas basadas en sospechas es un recurso que deja de destinarse a combatir los problemas reales que afectan a la especie.”

Los denunciantes consideran especialmente grave que se utilicen fondos destinados a la conservación para impulsar mensajes que, a su juicio, no cumplen los estándares mínimos de rigor científico exigibles en cuestiones ambientales.

Una acusación que no encaja con la biología de la especie

Uno de los argumentos centrales de la denuncia hace referencia a la cronología de los hechos utilizados para señalar al parapente.

El comunicado recuerda que el alimoche desarrolla sus fases principales de cortejo y puesta de huevos entre los meses de marzo y abril. Sin embargo, algunas de las observaciones de parapentes utilizadas como argumento fueron registradas durante el mes de junio.

Para la comunidad de pilotos, atribuir un fracaso reproductivo a un vuelo observado cuando la temporada de puesta ya había concluido constituye un razonamiento incompatible con la biología básica de la especie.

“Si una pareja no ha criado durante la temporada, el problema se produjo mucho antes. Vincularlo a un parapente visto meses después no es una conclusión científica, sino una simple especulación.”

Hipótesis presentadas como hechos

Ojovolador también critica el uso reiterado de expresiones como “podrían haber contribuido”, “de confirmarse su relación” o “posibles molestias”.

Según los denunciantes, estas formulaciones evidencian que no existe una demostración clara de causalidad entre los vuelos observados y los resultados reproductivos de las aves.

“Las hipótesis son una herramienta legítima de la ciencia. Lo que no resulta legítimo es convertirlas en titulares acusatorios antes de haberlas demostrado.”

La comunidad considera que este tipo de mensajes generan una percepción pública errónea y favorecen la adopción de medidas restrictivas sin el respaldo de evidencias sólidas.

Las amenazas reales quedan fuera del foco

La denuncia recuerda que numerosos estudios e informes oficiales llevan años identificando amenazas mucho más relevantes para la supervivencia del alimoche.

Entre ellas destacan el uso ilegal de venenos, la disminución de recursos alimenticios disponibles, las colisiones con tendidos eléctricos, la transformación del medio rural y diversos accidentes asociados a infraestructuras humanas.

Para Ojovolador, resulta llamativo que estas amenazas, ampliamente documentadas, reciban menos atención mediática que la presencia puntual de una actividad recreativa silenciosa, no motorizada y practicada por un número reducido de personas.

Un deporte ecológico convertido en chivo expiatorio

Los pilotos denuncian que se está construyendo una narrativa que presenta al parapente como una amenaza ambiental sin aportar pruebas concluyentes.

Recuerdan además que la inmensa mayoría de los practicantes respeta las regulaciones existentes, las restricciones temporales y las zonas sensibles para la fauna.

“Se pretende responsabilizar a todo un colectivo por el simple avistamiento de unos pocos vuelos aislados. Esa no es una estrategia de conservación; es una estrategia de señalamiento.”

Un llamamiento al rigor

La comunidad de Ojovolador concluye solicitando que cualquier decisión relacionada con la gestión de espacios naturales protegidos se base en estudios independientes, metodologías transparentes y evidencia científica verificable.

Los pilotos aseguran que seguirán colaborando con todas aquellas iniciativas que busquen proteger la biodiversidad desde el diálogo, el conocimiento y el respeto mutuo.

“La conservación necesita más ciencia y menos prejuicios. El alimoche merece soluciones reales, no campañas construidas sobre sospechas.”

Fuentes:
https://es.wikipedia.org/wiki/Neophron_percnopterus
https://seo.org/ave/alimoche-comun/
https://scienceportal.tecnalia.com/en/publications/effect-of-human-activities-on-egyptian-vulture-breeding-success/

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