Todo comenzó en Bir Billing. Para mi India es un país nuevo: a pesar de haber viajado por todo el mundo, aun no conocía estas montañas y valles, esta cultura y gentes.

Para mí era un sueño volar aquí y en cuanto llegué a Bir, me di cuenta de que el hinduismo y budismo conectan muy bien conmigo, especialmente el budismo.

Tom y Horacio en su aventura vivac en los Himalaya indios

Las montañas me conquistaron desde el primer momento. Los primeros vuelos en Bir, para probar el material y probar la zona, fueron espectaculares. Pasamos tres días volando por los alrededores. Así que pronto estuvimos listos para comenzar la aventura.

El primer vuelo importante nos llevó desde Bir, hasta el valle de Manali. Alturas de más de 4000m, valles preciosos y montañas nevadas. Pero por culpa de un desarrollo de nubes, a mitad del vuelo tuvimos que aterrizar a 2500m, cerca de un collado que estaba a 4200m, y caminar hasta alcanzar el paso para poder despegar de nuevo.

Volando en las montañas más grandes del mundo, con paisajes sobrecogedores de fondo.

Por suerte llegamos a tiempo antes de que acabara la condición térmica y pudimos continuar volando desde ahí ese mismo día, hasta llegar por la tarde a una montaña perfecta para hacer top landing y descansar, a 3200m. Al aterrizar encontramos una pequeña cabaña y un pastor con su familia y sus cabras. Nos dieron de cenar y nos permitieron calentarnos con su fuego. Una gente muy agradable, a pesar de no entendernos en ningún idioma lo pasamos bien y nos reímos mucho todos. Luego Tom y yo nos fuimos a dormir a nuestras tiendas.

A mitad de la noche, empezó a hacer muchísimo viento, una tormenta se acercaba. Llovió muy fuerte durante horas y en mi tienda entraba un poco de agua. Fue una noche larga y dura…

Por la mañana estaba bastante nublado, pero pudimos despegar y llegar volando hasta casi Manali, pero en el fondo del valle estaba lloviendo fuerte, y a la hora de aterrizar, entró muchísimo viento. Empezamos a volar marcha atrás, en el valle no había aterrizajes, eran todo árboles (manzanos). Por suerte yo conseguí entrar en un pequeño hueco, pero Tom no lo consiguió y tuvo un aterrizaje duro. Se lesionó el hombro. El viaje no parecía empezar bien para nosotros…

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Los dos días siguientes los pasé volando los alrededores de Manali con Debu, un piloto indio muy famoso en la zona y amigo de hace años, pues competíamos juntos en la Copa del Mundo Acrobática. Pude probar las posibilidades de vuelo del valle y realmente aluciné con las altas montañas que lo rodean. Volando entre nubes, sobre laderas blancas de nieve y observando el Rohtang Pass, que después tendría que sobrevolar y cruzar con Tom para llegar a los altos valles del Himalaya profundo.

Al cuarto día, Tom se encontraba mejor y decidió probar a volar junto conmigo y Debu. El objetivo era claro: lograr pasar el Rohtang Pass y entrar en las altas montañas del Himalaya. Algo que muy pocos pilotos han hecho hasta la fecha por lo cerrados que son los valles del otro lado. Al principio la condición era suave y nos costaba subir, pero finalmente los tres conseguimos alcanzar los 5000m cerca del paso y decidimos cruzar. Debu, que estaba un poco más bajo, se dio la vuelta para intentar subir más y no lo consiguió, se quedó del lado de Manali. Tom y yo entramos en el siguiente valle. El paisaje era completamente distinto. Muy seco, pura piedra y tierra sin apenas vegetación y con valles completamente cerrados, muy estrechos, con apenas un río y una carretera en el centro. El viento fuerte sería la tónica a partir de ahora.

Nada más entrar en este valle nos dimos cuenta de que el viento estaba muy acelerado y que las montañas de ambos lados eran fugas de viento, apenas generaban brisas ascendentes. Pudimos subir con mucho esfuerzo y turbulencia y nos ganamos la cresta de la montaña subiendo a 5300m, a nuestros alrededores se vislumbraban picos de más de 6000m. Logramos cruzar hasta el pueblo de Keylong. ¡El objetivo estaba cumplido! Aterrizamos y esperamos al resto del equipo.

Al día siguiente decidimos ir hasta Spiti Valley en coche, ya que los valles que nos separaban de Spiti era muy cerrados, con el viento de cara. Iba a ser imposible llegar en vuelo, incluso peligroso…

Al llegar a Spiti el valle se abría un poco y los paisajes mostraban montañas poderosas, de más de 6000m. El lugar nos conquistó de inmediato.

Al día siguiente Tom y yo preparamos todo nuestro equipo de vuelo y de vivac en la mochila y nos dispusimos a volar.

Nada más despegar nos dimos cuenta de que las condiciones eran duras, mucho viento, turbulencia y térmicas muy rotas. Hicimos un vuelo corto y logramos aterrizar a 4000m, en una ladera para continuar al día siguiente. Pasamos la noche en nuestras tiendas, hacía frío, pero teníamos buenos sacos. Al día siguiente subimos otros 300m caminando, hasta encontrar un despegue. Al despegar vimos que la cosa estaba mucho mejor, rápidamente subimos hasta casi 6000m, y empezamos a ver el valle de Spiti desde otra perspectiva… ¡nos enamoramos!

Volando en Spiti Valley. Foto: John Stapels

Hicimos un vuelo precioso hasta Dankhar, el monasterio budista más antiguo de Spiti con 1200 años de antigüedad. Mientras volábamos pasamos por paredes enormes, valles transversales muy potentes y condiciones duras en vuelo, pero buenas. Al llegar a Dankhar visitamos el monasterio y nos encantó. Así que decidimos pasar la noche allí mismo.

Al día siguiente subimos caminando hasta un pequeño despegue sobre el monasterio y despegamos con la intención de ir volando hasta Ki, donde estaba el resto del equipo. Pero al subir, vimos que las nubes estaban creciendo demasiado, y empezaba a llover en algunos puntos del valle. No era seguro volar así. Con lo cual nos quedamos haciendo un vuelo local sobre el Monasterio de Dhankar, enamorándonos de sus acantilados y vistas. ¡Un lugar mágico! Según nos dijeron nadie había volado en parapente allí antes, y tener la oportunidad de disfrutar de las vistas de un monasterio budista creado en las puntas de roca de una cresta con formas tan abruptas, era increíble…

Vuelos inolvidables. Foto: John Stapels

Al aterrizar, nos subimos a un camión que iba dirección Key, era la manera perfecta de reagruparnos con el resto del equipo. Pasamos la noche en un pueblito cerca del monasterio y al día siguiente despegamos sobre el monasterio de Key. Sobrevolamos el lugar, las vistas eran increíbles y las condiciones buenas. Cuando nos dimos por satisfechos, decidimos subir alto y cruzar al otro lado del valle pues estaba más soleado, para continuar el vuelo. Del otro lado del valle las condiciones eran mejores y logramos subir hasta más de 6200m. A pesar de estar ya algo aclimatados, decidimos dejarlo ahí. Las bases de nubes estaban al menos a 7000m, pero no llevábamos oxígeno suplementario con nosotros y no quisimos forzar las cosas. Seguimos en vuelo entre montañas enormes, cruzando cañones preciosos y al atardecer cruzamos de nuevo el valle dirección Dankhar. De nuevo nos esperaba este impresionante monasterio al final del valle.

Vivac en el Himalaya. Foto: John Stapels

Hicimos top landing cerca del pueblo, pero en altura, y caminamos hasta un pequeño despegue para el día siguiente, que tenía un lago perfecto para recargar agua y acampar al lado esa noche. Pasamos la noche junto a una Stupa budista que había al lado del lago. Hicimos un fueguito y disfrutamos de unas buenas historias al lado de las llamas. Cenamos y nos fuimos a dormir con el cielo lleno de estrellas.

Al día siguiente caminamos un poco mas arriba y despegamos para sobrevolar el monasterio de Dankhar de nuevo durante más de una hora. ¡Fue impresionante! Pudimos entrar por cada hueco y sobrevolar todos los pequeños templos del monasterio. El viento cada vez era más fuerte hasta que apenas nos movíamos y finalmente decidimos aterrizar por seguridad. Estábamos satisfechos con lo que habíamos conseguido: Entrar en vuelo a las altas montañas del Himalaya hasta Keylong y recorrer todo el valle de Spiti en vuelo, en ambas direcciones, varias veces.

Sin duda, estos son vuelos para hacer en equipo, un piloto solo no se adentraría en lugares así y con esas condiciones tan duras. Pero volando en equipo con Tom siempre me sentí seguro. Como solemos decir: – ¡Somos pájaros!

Horacio Llorens

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